Aunque es un territorio amplio y con una gran diversidad cultural, Argentina es un país con pasiones bien definidas. El tango y el vino son dos de ellas. Descubrí todo lo que tienen en común.
El tango y el vino son dos símbolos argentinos por excelencia. No solamente representan una de las mayores pasiones de los habitantes locales, sino que también se han convertido en productos de exportación disfrutados por extranjeros en diversas latitudes del mundo.
A pesar de que, a simple vista, parecen dos elementos culturales diferentes, su historia dentro de la Argentina tiene muchos puntos en común. Vamos a descubrirlos.
El tango, un ritmo marginal
La cultura tanguera nació a finales del siglo XIX en Buenos Aires. Fusión de ritmos africanos, flamenco, contradanza y habanera cubana, el tango plasmaba un ambiente sórdido, urbano y popular, con letras realistas y, en ocasiones, muy tristes.
Debido a que surgió en ambientes de dudosa reputación, como burdeles, pulperías y pirigundines, era una música marginal y mal vista por los sectores más acomodados de la sociedad, quienes veían con malos ojos la difusión de este ritmo non santo.
Si bien actualmente es el género musical que mejor representa a Argentina en el exterior, el tango tuvo que recorrer un largo camino hasta convertirse en una de las pasiones nacionales.
El vino, un producto que ganó terreno
La cultura vitivinícola argentina es anterior al tango. Surgió a finales del siglo XIX gracias a la inmigración de europeos que trajeron consigo los conocimientos necesarios para cultivar viñedos.
Dado que estos inmigrantes se establecieron principalmente en Mendoza, en un principio la producción de vino no llegaba masivamente a Buenos Aires. Las pocas botellas que se enviaban viajaban en carretas que tardaban meses en llegar.
No obstante, con el arribo del tren y la construcción de una robusta red ferroviaria, la industria vitivinícola argentina cobró impulso y los vinos producidos en la región cuyana pudieron llegar a la capital del país de forma más rápida y práctica.
Vino y tango argentino, un camino en común
Con la llegada masiva del vino a Buenos Aires, se comenzó a beber en bares, milongas, pulperías y burdeles. En consecuencia, la bebida se metió en las letras tangueras, como un aliado para ahogar las penas del desamor, la soledad, las pasiones no correspondidas y los desencuentros de la vida.
Algunos tangos célebres que explicitan la relación entre el tango y el vino son “Nostalgias” (“Quiero emborrachar mi corazón, para apagar un loco amor, que más que amor es un sufrir”), “La última curda” (“La vida es una herida absurda y es todo tan fugaz que es una curda nada más”) y “Mi noche triste” (“Para mi ya no hay consuelo y por eso me encurdelo pa’ olvidarme de tu amor”).
A pesar de que tuvieron que abrirse paso dentro de la sociedad y del territorio argentinos, hoy en día el tango y el vino son dos símbolos nacionales for export que nos representan en los más recónditos lugares del mundo.
Contenido producido originalmente por Sabio Marketing para Vinscent



