La vitivinicultura orgánica gana cada vez más adeptos entre los amantes del vino, ya que fomenta la producción responsable con el objetivo de garantizar la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente. La industria alimenticia se modifica con el pasar del tiempo y, en los últimos años, la tendencia del consumo responsable se ha expandido, impactando en la industria vitivinícola. El compromiso con la sustentabilidad y el respeto por la ecología dieron lugar a la aparición de vinos orgánicos.
Para elaborar este tipo de vinos, se evita la utilización de sustancias como pesticidas, fertilizantes o herbicidas químicos, y se las reemplaza por productos que no perjudiquen la biodiversidad ni la fertilidad de los suelos.
La técnica deja de lado los químicos e incluye el uso de compost para fertilizar, ya que los microorganismos propios del medioambiente constituyen el abono necesario para favorecer la riqueza de la tierra. Asimismo, en los casos de plagas y enfermedades en las cepas, se privilegia el empleo de productos naturales y biodegradables, que no afecten ni modifiquen el sabor de los frutos. Además, para promover el crecimiento de los cultivos, la vitivinicultura orgánica utiliza levaduras sin modificaciones genéticas.
El objetivo es crear un sistema que garantice la sustentabilidad a través del uso razonable de los recursos naturales y que dé como resultado un vino único, que sea un reflejo de la tierra en la que fue producido.
¿En qué se basa la vitivinicultura orgánica?
Para producir vinos orgánicos es fundamental cumplir estas condiciones:
- Las uvas deben provenir de un viñedo que haya sido certificado como orgánico.
- La bodega en la cual se elabora también debe ser orgánica, es decir, que no utilice insumos químicos en ninguna parte del proceso, ya sea en la manipulación de los mostos o en la estiba.
- La fermentación no puede realizarse con productos modificados genéticamente, sino que debe efectuarse con levaduras indígenas, que son las que genera la uva por sí misma.
- El anhídrido sulforoso, sustancia que se utiliza como antiséptico para combatir hongos y bacterias y para prevenir la oxidación, se debe usar de forma limitada. Los vinos convencionales pueden emplear hasta 150 miligramos por litro, mientras que los vinos orgánicos solo tienen permitido hasta 100.
De esta forma, se garantiza la biodiversidad y la sustentabilidad, fomentando el cultivo y la producción responsables.
Por qué elegir vinos orgánicos
Las razones para elegir este tipo de botellas son varias. En primer lugar, beber vinos orgánicos es una forma de cuidar el medio ambiente, ya que se producen a través de técnicas vitivinícolas respetuosas con el planeta.
Adicionalmente, gracias a que la elaboración de los vinos orgánicos se lleva a cabo sin sustancias químicas, las propiedades nutritivas de las uvas se mantienen intactas y, en algunos casos, se potencian.
De modo que, más allá de que el consumo moderado de vinos tradicionales ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, beber botellas que provienen de cultivos orgánicos es aún más beneficioso para la salud.
Por último, los vinos orgánicos a menudo tienen sabores más acentuados e intensos, dado que su elaboración permite que la naturaleza y el terroir en dónde nació se expresen en cada una de sus gotas.
¿Cómo se identifica un vino orgánico?
Si bien es muy difícil distinguir un vino tradicional de uno orgánico, los viñedos que producen este tipo de botellas poseen una certificación internacional. Este reconocimiento da cuenta de que el proceso a través del cual elaboran sus productos se encuadra dentro de los estándares de esta manera de producción. De modo que al comprar un vino orgánico es posible visualizar la certificación en su etiqueta o contraetiqueta.
Contenido producido originalmente por Sabio Marketing para Vinscent



